Entre los muchos aniversarios que celebramos en este 2008 que termina –algunos lejanos y solemnes como el de los 2000 años del nacimiento de San Pablo, y otros más cercanos, como los 50 años de la muerte de Pío XII- no podemos olvidar el de los 250 años de la muerte de Benedicto XIV, al cual he querido llamar el “Papa de los santos” por lo mucho que contribuyó a recopilar, seleccionar y fijar la legislación de las Causas de los Santos, de modo que todavía en ese ámbito se le considera como el Magister por excelencia.
Próspero Lambertini, nacido en Bolonia en 1675 de familia noble, y fallecido en Roma en 1758, fue siempre un hombre de estudios y buen curialista, gran trabajador y quizás por ello la profecía de San Malaquías se refiere a él como animal rurale, esto es, animal de carga. El cónclave que lo eligió duró seis meses, por causa de la adscripción de los cardenales a las potencias extranjeras y a los intereses de las mismas. Además, durante la reunión se registró el fallecimiento de cuatro de los electores, con lo que resultaba difícil conseguir una mayoría. A mayor abundamiento uno de los favoritos, Pier Marcellino Corradini, cardenal obispo de Frascati, había sido vetado por el rey Felipe V de España. Parece que al final Lambertini dijo a los cardenales: "Si deseáis elegir a un santo, elegid a Gotti (Vincenzo Ludovico Gotti, cardenal del título de S. Pancrazio y patriarca titular de Jerusalén); si a un hombre de estado, a Aldrovandi (Pompeo Marescotto Aldovrandi, cardenal del título de S. Eusebio); si a un hombre honesto, eligidme a mi". Al final resultó ganador con 51 votos a su favor, en contra de otros 50 votos. Fue elegido papa el 17 de agosto de 1740 y coronado ocho días después por el cardenal Carlo Maria de' Marini, protodiácono de S. Agata in Suburra. Compatibilizó su cargo supremo con la sede arzobispal de Bolonia, que mantendría hasta 1754.
Su elección al trono papal había llegado en un momento de grandes dificultades, principalmente causadas por las disputas entre los estados romano-católicos y el papado en relación a exigencias de los gobiernos para designar a los obispos, en vez de dejar los nombramientos a la Iglesia. Benedicto XIV logró sobreponerse a la mayoría. Las disputas entre la Santa Sede y el Reino de Nápoles, Cerdeña, España, Venecia, y el Imperio fueron arregladas mediante concordatos, en los que se mostró quizás demasiado condescendiente con el regalismo de sus monarcas.
De carácter amable, era un hombre muy de su tiempo, imbuido del espíritu ilustrado, de una gran erudición y abierto a todas las corrientes culturales. Mantuvo correspondencia con pensadores y científicos sin discriminación -son notorios sus contactos con el mismo Voltaire-, hasta el punto de ser respetado y admirado también en los países protestantes (el anglicano Horace Walpole le dedicó un soneto que calificaba a Benedicto XIV de "el mejor de los papas"). Merece también atención la correspondencia que cruzó con la zarina Catalina la Grande de Rusia y con el rey Federico II de Prusia, el la que se pone de manifiesto su mutuo interés por la ciencia y la cultura en general. Tomó bajo su protección personal a científicos de la talla del matemático, astrónomo y filósofo Ruggiero Giuseppe Boscovich, del historiador y arqueólogo Angelo Maria Querini, del también arqueólogo Johann Joachim Winckelmann y del polígrafo Ludovico Antonio Muratori.
Potenció la enseñanza superior de las ciencias en todos sus territorios. En la universidad La Sapienza de Roma fundó cátedras de física, química y matemáticas. Creó en esta ciudad la Calcografía Pontificia, dotándola de un fondo inicial mediante la adquisición del fondo de Domenico de' Rossi. También instituyó la Pontificia Accademia Archeologica a la que encargó importantes excavaciones y la restauración del Colosseo.
Creó en la Universidad de Bolonia una escuela de cirugía y una cátedra para la enseñanza de la obstetricia, para la cual compró la colección completa de modelos del profesor Giovanni Antonio Galli. También fundó en esta ciudad un museo arqueológico, al cual donó su importante colección de monedas del período imperial romano. Mandó borrar del Indice de libros prohibidos el De revolutione de Galileo Galilei, con lo que daba por definitivamente probada la teoría heliocéntrica del sistema solar. Tuvo especial trascendencia que implantara, de forma pionera en Europa, una vacuna antivariólica en todos los Estados de la Iglesia.
Desde el punto de vista doctrinal, sin embargo, se mostró intransigente con las costumbres de los pueblos que se iban incorporando a la Iglesia. Probablemente el acto más importante de su pontificado fue la promulgación de sus famosas leyes sobre las misiones en dos bulas papales, Ex quo singulari y Omnium solicitudinum, en las que denunciaba las prácticas misioneras orientales, de acomodar usos y palabras cristianas a los ritos de culturas nativas con el fin de asimilarlas, lo que había sido realizado extensamente por los jesuitas en sus misiones chinas y malabares. Esta intransigencia retardó, incluso anuló en determinados lugares, la evangelización de Extremo Oriente.
Tuvo un papado muy activo, reformando la educación de los sacerdotes, el calendario de las fiestas de la Iglesia, la liturgia y muchas instituciones papales. En Brasil fundó las diócesis de São Paulo y de Mariana en 1745. Concedió el título de Rey Fidelísimo a Juan V de Portugal, después de reconocerle como soberano de su país, independiente de España tras la revolución de los "Restauradores" de 1640. Con su amigo Domenico Silvio Passionei, cardenal del título de S. Bernardo alle Terme y de S. Prassede, impulsó la catalogación de la Biblioteca Vaticana a la que incorporó los más de 32.000 volúmenes del Palazzo della Consulta que Passionei había reunido. Para esta biblioteca mandó traducir al italiano a los grandes autores franceses e ingleses, tanto religiosos como profanos.
Por lo que respecta a los trabajos intelectuales de Benedicto XIV, reunidos en doce volúmenes, es preciso destacar De servorum Dei beatificatione et beatorum canonizatione (1734-1738), De synodo diocesano (1748) y De festis, De sanctorum Missae sacrificio (1748), obras maestras del derecho canónico. De todas ellas, sin duda la más usada hoy en día es la que trata de los procesos de canonización, pues aunque desde el punto de vista legislativo ha sido cambiada por la Divinus Perfectionis Magister, sin embargo queda como pieza clave de la jurisprudencia de este tipo de causas, que por otro lado son muy numerosas, especialmente desde que Juan Pablo II animase a que se promoviesen como modo de fomentar la vida cristiana entre los fieles.
Lambertini había trabajado antes de ser Papa en la Congregación de Ritos y conocía bien las Causas de los Santos, se había especializado en el tema y dedicó años a investigarlo. Reunió jurisprudencia pasada y la aplicó a los tiempos modernos, usando para ellos sus mejores conocimientos de filosofía, teología, espiritualidad, historia de la Iglesia, medicina y psicología. El resultado fue una monumental obra en 7 volúmenes que se puede considerar maestra en todas las disciplinas qu he citado. Después, como Papa, plasmó sus ideas en legislación que ha durado hasta la actualidad, aunque hoy se la considere solamente doctrina y no ley vinculante. Sus definiciones de virtud, milagro, martirio, fama de santidad, su distinción entre fenómenos místicos verdaderos y falsos, etc., son hasta hoy insuperables por su precisión y claridad. También como Papa ofició numerosas canonizaciones, algunas de santos connocidos como San José de calasanz, San Camilo de Lelis, Santa Juana Francisca Fremyot de Chantal, San Pedro Regalado o San Jerónimo Emiliani.
Era un fumador empedernido: quizás esto influyera en su decisión de eliminar los impuestos sobre el tabaco y despojar a los farmacéuticos de los Estados de la Iglesia del monopolio de su comercialización. Pero al margen de anécdotas, se trata sin duda de uno de los papas de mayor cultura y solvencia intelectual, y, visto con perspectiva histórica, su pontificado figura entre los más importantes de la Iglesia. Falleció el 3 de mayo de 1758 y está sepultado en el mausoleo que los cardenales que él creó mandaron erigir en la Patriarcal Basílica Vaticana. Cada vez que voy a Roma como Consultor de la Congregación para las Causas de los Santos, veo su retrato presidiendo la sala de congresos donde se discuten las virtudes o el martirio de los distintos candidatos y la imaginación me hace pensar que desde allí él controla para que los santos que reciban el visto bueno del dicasterio se lo merezcan de verdad.
Próspero Lambertini, nacido en Bolonia en 1675 de familia noble, y fallecido en Roma en 1758, fue siempre un hombre de estudios y buen curialista, gran trabajador y quizás por ello la profecía de San Malaquías se refiere a él como animal rurale, esto es, animal de carga. El cónclave que lo eligió duró seis meses, por causa de la adscripción de los cardenales a las potencias extranjeras y a los intereses de las mismas. Además, durante la reunión se registró el fallecimiento de cuatro de los electores, con lo que resultaba difícil conseguir una mayoría. A mayor abundamiento uno de los favoritos, Pier Marcellino Corradini, cardenal obispo de Frascati, había sido vetado por el rey Felipe V de España. Parece que al final Lambertini dijo a los cardenales: "Si deseáis elegir a un santo, elegid a Gotti (Vincenzo Ludovico Gotti, cardenal del título de S. Pancrazio y patriarca titular de Jerusalén); si a un hombre de estado, a Aldrovandi (Pompeo Marescotto Aldovrandi, cardenal del título de S. Eusebio); si a un hombre honesto, eligidme a mi". Al final resultó ganador con 51 votos a su favor, en contra de otros 50 votos. Fue elegido papa el 17 de agosto de 1740 y coronado ocho días después por el cardenal Carlo Maria de' Marini, protodiácono de S. Agata in Suburra. Compatibilizó su cargo supremo con la sede arzobispal de Bolonia, que mantendría hasta 1754.
Su elección al trono papal había llegado en un momento de grandes dificultades, principalmente causadas por las disputas entre los estados romano-católicos y el papado en relación a exigencias de los gobiernos para designar a los obispos, en vez de dejar los nombramientos a la Iglesia. Benedicto XIV logró sobreponerse a la mayoría. Las disputas entre la Santa Sede y el Reino de Nápoles, Cerdeña, España, Venecia, y el Imperio fueron arregladas mediante concordatos, en los que se mostró quizás demasiado condescendiente con el regalismo de sus monarcas.
De carácter amable, era un hombre muy de su tiempo, imbuido del espíritu ilustrado, de una gran erudición y abierto a todas las corrientes culturales. Mantuvo correspondencia con pensadores y científicos sin discriminación -son notorios sus contactos con el mismo Voltaire-, hasta el punto de ser respetado y admirado también en los países protestantes (el anglicano Horace Walpole le dedicó un soneto que calificaba a Benedicto XIV de "el mejor de los papas"). Merece también atención la correspondencia que cruzó con la zarina Catalina la Grande de Rusia y con el rey Federico II de Prusia, el la que se pone de manifiesto su mutuo interés por la ciencia y la cultura en general. Tomó bajo su protección personal a científicos de la talla del matemático, astrónomo y filósofo Ruggiero Giuseppe Boscovich, del historiador y arqueólogo Angelo Maria Querini, del también arqueólogo Johann Joachim Winckelmann y del polígrafo Ludovico Antonio Muratori.
Potenció la enseñanza superior de las ciencias en todos sus territorios. En la universidad La Sapienza de Roma fundó cátedras de física, química y matemáticas. Creó en esta ciudad la Calcografía Pontificia, dotándola de un fondo inicial mediante la adquisición del fondo de Domenico de' Rossi. También instituyó la Pontificia Accademia Archeologica a la que encargó importantes excavaciones y la restauración del Colosseo.
Creó en la Universidad de Bolonia una escuela de cirugía y una cátedra para la enseñanza de la obstetricia, para la cual compró la colección completa de modelos del profesor Giovanni Antonio Galli. También fundó en esta ciudad un museo arqueológico, al cual donó su importante colección de monedas del período imperial romano. Mandó borrar del Indice de libros prohibidos el De revolutione de Galileo Galilei, con lo que daba por definitivamente probada la teoría heliocéntrica del sistema solar. Tuvo especial trascendencia que implantara, de forma pionera en Europa, una vacuna antivariólica en todos los Estados de la Iglesia.
Desde el punto de vista doctrinal, sin embargo, se mostró intransigente con las costumbres de los pueblos que se iban incorporando a la Iglesia. Probablemente el acto más importante de su pontificado fue la promulgación de sus famosas leyes sobre las misiones en dos bulas papales, Ex quo singulari y Omnium solicitudinum, en las que denunciaba las prácticas misioneras orientales, de acomodar usos y palabras cristianas a los ritos de culturas nativas con el fin de asimilarlas, lo que había sido realizado extensamente por los jesuitas en sus misiones chinas y malabares. Esta intransigencia retardó, incluso anuló en determinados lugares, la evangelización de Extremo Oriente.
Tuvo un papado muy activo, reformando la educación de los sacerdotes, el calendario de las fiestas de la Iglesia, la liturgia y muchas instituciones papales. En Brasil fundó las diócesis de São Paulo y de Mariana en 1745. Concedió el título de Rey Fidelísimo a Juan V de Portugal, después de reconocerle como soberano de su país, independiente de España tras la revolución de los "Restauradores" de 1640. Con su amigo Domenico Silvio Passionei, cardenal del título de S. Bernardo alle Terme y de S. Prassede, impulsó la catalogación de la Biblioteca Vaticana a la que incorporó los más de 32.000 volúmenes del Palazzo della Consulta que Passionei había reunido. Para esta biblioteca mandó traducir al italiano a los grandes autores franceses e ingleses, tanto religiosos como profanos.
Por lo que respecta a los trabajos intelectuales de Benedicto XIV, reunidos en doce volúmenes, es preciso destacar De servorum Dei beatificatione et beatorum canonizatione (1734-1738), De synodo diocesano (1748) y De festis, De sanctorum Missae sacrificio (1748), obras maestras del derecho canónico. De todas ellas, sin duda la más usada hoy en día es la que trata de los procesos de canonización, pues aunque desde el punto de vista legislativo ha sido cambiada por la Divinus Perfectionis Magister, sin embargo queda como pieza clave de la jurisprudencia de este tipo de causas, que por otro lado son muy numerosas, especialmente desde que Juan Pablo II animase a que se promoviesen como modo de fomentar la vida cristiana entre los fieles.
Lambertini había trabajado antes de ser Papa en la Congregación de Ritos y conocía bien las Causas de los Santos, se había especializado en el tema y dedicó años a investigarlo. Reunió jurisprudencia pasada y la aplicó a los tiempos modernos, usando para ellos sus mejores conocimientos de filosofía, teología, espiritualidad, historia de la Iglesia, medicina y psicología. El resultado fue una monumental obra en 7 volúmenes que se puede considerar maestra en todas las disciplinas qu he citado. Después, como Papa, plasmó sus ideas en legislación que ha durado hasta la actualidad, aunque hoy se la considere solamente doctrina y no ley vinculante. Sus definiciones de virtud, milagro, martirio, fama de santidad, su distinción entre fenómenos místicos verdaderos y falsos, etc., son hasta hoy insuperables por su precisión y claridad. También como Papa ofició numerosas canonizaciones, algunas de santos connocidos como San José de calasanz, San Camilo de Lelis, Santa Juana Francisca Fremyot de Chantal, San Pedro Regalado o San Jerónimo Emiliani.
Era un fumador empedernido: quizás esto influyera en su decisión de eliminar los impuestos sobre el tabaco y despojar a los farmacéuticos de los Estados de la Iglesia del monopolio de su comercialización. Pero al margen de anécdotas, se trata sin duda de uno de los papas de mayor cultura y solvencia intelectual, y, visto con perspectiva histórica, su pontificado figura entre los más importantes de la Iglesia. Falleció el 3 de mayo de 1758 y está sepultado en el mausoleo que los cardenales que él creó mandaron erigir en la Patriarcal Basílica Vaticana. Cada vez que voy a Roma como Consultor de la Congregación para las Causas de los Santos, veo su retrato presidiendo la sala de congresos donde se discuten las virtudes o el martirio de los distintos candidatos y la imaginación me hace pensar que desde allí él controla para que los santos que reciban el visto bueno del dicasterio se lo merezcan de verdad.



