DE SU FUNDADOR APRENDIERON LOS SALESIANOS A TRANSFORMAR LOS JÓVENES MÁS DIFÍCILES EN SANTOS
Nacido en la pobreza el 16 de agosto de 1815, san Juan Bosco pasó su infancia en una pequeña cabaña en Becchi, una aldea en la ladera de una montaña cerca de Castelnuovo, Piedmont, Italia. Tenía apenas poco más de dos años de edad cuando su padre murió, dejando a la madre de los tres niños, Margarita Bosco, en situación muy precaria. Juan pasó sus primeros años como pastor, y recibió sus primeras enseñanzas del párroco. Tenía un ingenio agudo, memoria retentiva y al pasar de los años su sed de aprender aumentaba; tenía además la característica de tener sueños simbólicos, que luego aplicaba a su vida espiritual y a su trabajo apostólico. Sin embargo, debido a la pobreza de su hogar, con frecuencia se veía obligado a dejar los libros para ir al campo, pero el deseo de lo que dejaba nunca le abandonó. En 1853 ingresó al seminario en Chieri y después de seis años de estudio fue ordenado sacerdote en la víspera del Domingo de la Trinidad por el Arzobispo Franzoni de Turín.
Al dejar el seminario, Don Bosco fue a Turín en donde se ocupó celosamente de sus deberes sacerdotales. Fue aquí donde ocurrió un incidente que le abrió al campo donde realmente llevó a cabo sus esfuerzos posteriormente. Uno de sus deberes fue acompañar a Don Cafasso en sus visitas a las prisiones de la ciudad, y la condición de los niños confinados en estos lugares, abandonados a las más viles influencias, y con poco futuro excepto el patíbulo, hicieron tal impresión en él que decidió dedicar su vida al rescate de aquellos infortunados perdidos. Durante la celebración de la Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre de 1841, mientras Don Bosco se vestía para la misa, el sacristán sacó de la iglesia a un bribonzuelo andrajoso porque se resistía a guardar compostura. Don Bosco escuchó sus chillidos y le llamó, y en la amistad que nació entre el sacerdote y Bartolomé Garelli se cosechó la primer semilla del "Oratorio", así llamado, sin duda según el ejemplo de San Felipe Neri (al cual vio en un sueño como premonición de un gran apostolado) y debido a que la oración sería su característica principal. Don Bosco se involucró con gran disposición en la tarea de instruir a su primer pupilo de las calles; sus compañeros pronto se unieron a Bartolomé, todos atraídos por una gentileza que jamás habían conocido, y en febrero de 1842, el Oratorio ya contaba con 20 muchachos, en marzo del mismo año 30, y en marzo de 1846, cuatrocientos.
A medida que el número de muchachos crecía, se presentó la cuestión de un lugar adecuado para reunirse. Cuando el clima era favorable se hacían largas caminatas los domingos y días festivos a lugares en el campo cerca de Turín, donde almorzaban. Y al darse cuenta del encanto que tenía la música para las almas indómitas de sus discípulos Don Bosco organizó una banda para la cual se proveyeron de algunos viejos instrumentos metálicos. Fue nombrado capellán auxiliar del Rifugio en el otoño de 1844, y allí se unió Don Borel con entusiasmo a su trabajo. Con la aprobación del Arzobispo Franzoni, se adecuaron dos habitaciones contiguas al Rifugio y se convirtieron en una capilla, que se dedicó a San Francisco de Sales. Los miembros del Oratorio se reunieron desde entonces en el Rifugio, y un número de muchachos del distrito circunvecino solicitaron ser admitidos. Fue aproximadamente en este tiempo (1845) que Don Bosco inició sus escuelas nocturnas y al cerrar las fábricas los muchachos acudían a sus salones, donde él y Don Borel les instruían en las ramas básicas.El éxito del Oratorio en el Rifugio no duró mucho tiempo. Para su gran pena, Don Bosco se vio obligado a dejar sus salones y desde entonces se enfrentó a molestias y obstáculos que, en ocasiones, parecían llamar sus trabajos a la ruina. Su perseverancia al enfrentar todas las dificultades llevaron a muchos a concluir que estaba loco, y aún se hizo un intento para recluirlo en un asilo. Se levantaron quejas en su contra, declarando que su comunidad era una molestia, debido al carácter de los muchachos con los que hacía amistad. El Oratorio fue transferido del Rifugio a San Martín, después a los patios de San Pedro, después a tres cuartos en Vía Cottolengo, donde se reiniciaron las escuelas nocturnas, después a un campo abierto, y finalmente a un establo rústico donde el Oratorio creció hasta tener setecientos miembros. Don Bosco tomó habitaciones cerca de ahí y su madre se le unió después. "Mamá Margarita", como se le conoció, dedicó los últimos diez años de su vida al servicio de los pequeños inquilinos de este primer hogar Salesiano. Cuando se unió a su hijo en el Oratorio, el futuro no era brillante. Pero sacrificando todos sus pequeños medios, aún su hogar, sus pertenencias y sus joyas, trajo todo el cuidado y amor de una madre a estos niños de la calle. Las clases vespertinas se incrementaron y gradualmente se proporcionaron dormitorios a muchos que deseaban vivir en el Oratorio. Con ello se fundó el primer Hogar Salesiano que ahora alberga alrededor de mil muchachos.
Para este tiempo, las autoridades municipales reconocieron la importancia del trabajo que estaba llevando a cabo Don Bosco, y empezó con mucho éxito un patronato para la construcción de escuelas técnicas y talleres. Todos éstos fueron terminados sin mayor dificultad. En 1898, para cubrir las necesidades de la región de Valdocco en Turín, Don Bosco decidió construir una iglesia. En forma acorde, se trazó un plan en la forma de una cruz que cubría un área de 1,500 yardas cuadradas. Pasó por considerables dificultades para reunir el dinero necesario, pero la caridad de algunos amigos finalmente le permitieron terminarla a un costo de más de un millón de francos. La iglesia fue consagrada el 9 de junio de 1868, y puesta bajo el patronato de Nuestra Señora, Auxilio de los Cristianos.
En 1859, Don Bosco y sus 22 compañeros decidieron finalmente organizar la congregación, cuyas reglas habían sido aprobadas por Pío IX. Pero la aprobación definitiva no llegó sino hasta 15 años después. La orden creció rápidamente: en 1863 había 39 salesianos; a la muerte del fundador, eran ya 768. El siguiente paso de Don Bosco fue la fundación de una congregación femenina. La congregación quedó inaugurada en 1872, con la toma del hábito de 27 jóvenes, a las que el santo llamó Hijas de Nuestra Señora, Auxilio de los Cristianos. Don Bosco le dio el nombre a su Congregación de "Salesianos" en honor del santo obispo de Ginebra, Francisco de Sales (1567 - 1622). Al igual que Don Bosco, Francisco nació en Saboya, en la población de Sales (Alta Saboya, hoy en Francia). Don Bosco nació en la parte que correspondería a Italia. La influencia de San Francisco de Sales en la espiritualidad del Piamonte sería muy importante para determinar la manera en que Don Bosco fundaría sus obras de apostolado en favor de la juventud. El santo obispo, doctor de la Iglesia, expone en sus obras un proyecto de santificación desde lo cotidiano y lo sencillo, pero muy especialmente desde la amabilidad y la alegría interior. Don Bosco, entonces, puso al obispo saboyano como patrón de su Congregación y le dio su nombre.
La primera casa salesiana por fuera de Turín fue la de Mirabello, abierta en 1863 y el primer país por fuera de Italia fue Francia, en la ciudad de Niza en donde se abrió una casa salesiana en 1863. El primer país por fuera de Europa en recibir a los salesianos fue Argentina a donde estos llegaron en 1875. Al año siguiente Don Bosco publicó su descripción del Sistema Preventivo y el Boletín Salesiano. Don Bosco realizó uno de sus sueños al enviar sus primeros misioneros a la Patagonia. Poco a poco, los salesianos se extendieron por toda América del Sur y pronto tenían 36 casas en el Nuevo Mundo y 38 en Europa.
En 1888, año de la muerte de Don Bosco, habían 773 salesianos y 276 novicios. En 1910, después de la muerte del padre Miguel Rúa el número había alcanzando los 4.001 salesianos y seguirá en incremento constante durante todo el siglo XX hasta el Concilio Vaticano II cuando la Iglesia Católica experimenta un descenso global en las vocaciones religiosas: 5.075 en 1921, 8.954 en 1931, 16.364 en 1951 y 22.383 en 1964. Se presenta un descenso a 17.173 en 1977 y un mínimo ascenso a 17.561 en 1995. En la actualidad los salesianos son 16.568 y están presentes en 128 naciones entre las cuales las primeras cinco en número de salesianos son Italia (2669), India ( 2261), España (1297), Polonia (1025) y Brasil (799). Los salesianos se cuentan entre las primeras comunidades religiosas masculinas más numerosas de la Iglesia Católica con los jesuitas y los franciscanos. De sus filas han salido un nutrido grupo de cardenales (ya entre los primeros discípulos de Don Bosco), arzobispos y obispos, y lo que es más importante, muchos santos...
Desde sus primeros encuentros con los muchachos pobres, don Bosco nunca dejó de ver bajo la mugre, los andrajos y la tosquedad, la chispa que un poco de gentileza y estímulo podía volver en llamas. En la visión que él decía haber tenido desde su infancia y en la que se le reveló la tarea de su vida, decía haber escuchado una voz que le dijo: "No con aspavientos, sino con caridad y gentileza, debes atraer a estos amigos al camino de la virtud." Y aunque esto pueda ser considerado sólo un sueño, fue en realidad el espíritu con el cual animaba su Oratorio.
El método de estudio de Don Bosco no incluía castigos. Se lograba la observancia de las reglas infundiendo un verdadero sentido del deber al eliminar asiduamente toda ocasión de desobediencia, y no permitiendo que ningún esfuerzo hacia la virtud, por trivial que pudiera parecer, pasara inadvertido. Él afirmaba que el maestro debía ser padre, consejero y amigo, y fue el primero en adoptar el método preventivo. Decía acerca del castigo: "Evitar el castigo en tanto sea posible...intentar ganarse el amor antes de inspirar temor." Y en 1887 escribió: "No recuerdo haber utilizado castigo formal, y con la gracia de Dios siempre he obtenido, y de aparentemente niños sin remedio, no sólo lo que el deber exigía, sino lo que mi simple deseo expresaba." Decía: "La instrucción es un accesorio, como un juego; el conocimiento nunca hace al hombre porque nunca toca directamente al corazón. Proporciona más poder en el ejercicio del bien o el mal; pero por sí mismo es un arma indiferente, que busca guía." Siempre estudiaba también las aptitudes y vocaciones de sus pupilos, y su éxito debe adjudicarse a una claridad de observación y precisión casi sobrenatural en cuanto a los corazones de los niños. En sus reglas escribió: "Confesión, Comunión frecuente, misa diaria: estos son los pilares que deben sostener toda la edificación de la educación." Don Bosco era un infatigable confesor, y dedicaba días enteros al trabajo entre sus niños. Reconocía que la gentileza y la persuasión por sí solas no bastaban para llevar a cabo la tarea de la educación. Creía firmemente en el juego como un medio para estimular la curiosidad infantil, lo que es más, lo coloca como una de sus primeras recomendaciones, y para el resto adoptó las palabras de San Felipe Neri: "Haced lo que queráis con tal que no pequéis" y también "sed buenos si podéis".
ALBERTO ROYO MEJÍA

