SAN PATRICIO: DE ESCLAVO A APÓSTOL Y PADRE DE MUCHOS PUEBLOS
Cuando se considera cómo -y con cuánto éxito- los misioneros irlandeses han evangelizado infinidad de regiones del mundo entero, desde gran parte de Europa en la Edad Media o, en tiempos más recientes, desde buena parte de Canadá y Estados Unidos hasta Australia o Nueva Zelanda, pasando por India, Nigeria, Kenya y otros muchos países de habla inglesa, además de haberse lanzado a misionar en otras zonas de habla no inglesa, entonces nos damos cuenta que a aquel al que todos ellos han considerado su Santo Patrón, el gran Patricio, se le puede llamar sin exagerar padre de muchos pueblos, como su nombre parece querer indicar.
La historia del llamado Apóstol de Irlanda y, como decimos, padre de muchos pueblos, es sin duda fascinante por su riqueza humana y espiritual. Nacido en el año de 387 en lo que después vino a llamarse Kilpatrick, próximo a Dumbarton, pueblecito de Escocia que hoy cuesta encontrar en los mapas, y fallecido en Saul, Irlanda, el 17 de Marzo de 493, tuvo por progenitores a Calpurnio y Conchessa. El primero pertenecía a una familia romanizada de alto nivel y desempeñaba el cargo de decurio en Galia o Bretaña. Conchessa, su madre, era parienta cercana de San Martín de Tours. Su abuelo había sido sacerdote ya que en aquellos tiempos no se había impuesto aún la ley del celibato sacerdotal en todo el occidente.
Trató de huir varias veces sin éxito. Por medio de una benigna Providencia los seis años del cautiverio de Patricio se tornaron en una remota preparación para su futuro apostolado. Adquirió así un perfecto conocimiento de la lengua Céltica con la cual algún día anunciaría las buenas nuevas de la Redención, y, como su amo Milcho era uno de los grandes sacerdotes druídicos, se familiarizó con todos los detalles del Druidismo de cuya esclavitud estaba destinado a liberar al pueblo irlandés.Después de seis años en tierra de Irlanda y de haber rezado mucho a Dios para que le iluminara sobre su futuro, una noche soñó que una voz le mandaba salir huyendo y llegar hasta el mar, donde un barco lo iba a recibir. Él nos relata en su "Confessio" que huyendo, caminó más de 300 kilómetros para llegar a la costa. Encontró el barco, pero el capitán se negaba rotundamente a transportarlo. Sus reiteradas peticiones para que le dejasen viajar gratis fueron siempre rechazadas, hasta que al fin, después de mucho orar con fervor, el capitán accedió a llevarlo hasta Francia. La travesía fue aventurada y peligrosa. Después de tres días de tormenta en el mar, tocaron tierra en un lugar deshabitado de la costa, caminaron un mes sin encontrar a nadie y hasta las provisiones se agotaron. Finalmente llegaron a lugar habitado y así Patricio quedó a salvo a la edad de veintidós o veintitrés años y volvió a su casa.
No hay ninguna certeza respecto al orden de los acontecimientos que se produjeron desde entonces, pero la tradición acerca de las andanzas de Patricio son sólidas. Los primeros biógrafos del santo dicen que pasó varios años en Francia antes de realizar su trabajo de evangelización en Irlanda. Existen pruebas firmes de que pasó unos tres años en la isla de Lérins, frente a Canes, y después se radicó en Auxerre durante quince años mas. También hay sólidas evidencias de que tenía buenas relaciones personales con el obispo San Germán de Auxerre. Durante este tiempo le ordenaron sacerdote. Es tradición que Patricio bajo la conducción de San Germán por algunos años estuvo ocupado en tareas misionarias entre ellos. Cuando Germán comisionado por la Santa Sede procedió a Bretaña para combatir las enseñanzas erróneas de Pelagio, escogió a Patricio para ser uno de su compañeros misioneros y por tanto fue privilegiado en ser asociado con el representante de Roma en los triunfos resultantes sobre. Entre todos estos eventos, sin embargo, los pensamientos de Patricio se volcaban hacia Irlanda.
Algunos historiadores sostienen, que en esa época hizo un viaje a Roma y que, el Papa Celestino I fue quien le envió a Irlanda con una misión especial, ya que su primer enviado Paladio nunca logró cumplir porque a los doce meses de haber partido murió en el norte de Britania. Para realizar esa misión encomendada por el Pontífice, San Germán de Auxerre consagró obispo a Patricio (otros sostienen sin embargo que fue San Máximo de Turín el obispo consagrante). Fue poco antes de su muerte que Celestino le encomendó esta misión al apóstol de Irlanda y en tal ocasión le confirió muchas reliquias y otros regalos espirituales, y le dió el nombre de "Patertius" o "Patritius", no como un título honorario, sino como una predicción de lo fructífero de su apostolado por lo que se convertiría en pater civium (padre de un pueblo).
Es probable que durante los meses de verano del año 433 Patricio y sus acompañantes desembarcaran en la boca del río Vantry cercano a la cabeza de Wiclow. Los sacerdotes Duidas se levantaron en contra suya como un solo hombre, pero Patricio no se desanimó, resolvió explorar un territorio más amistoso por donde iniciar su misión. Antes que nada, sin embargo, procedería hacia Dalriada, donde estuvo esclavizado, para liquidar el precio de su rescate a su antiguo amo, y a cambio de la servidumbre y crueldad recibida a sus manos impartirle las bendiciones y liberación de los hijos de Dios. Descansó por algunos días en las islas frente a las costas de Skerries, una de las cuales retiene el nombre de Inis-Patrick, y probablemente visitó las tierras adyacentes, las cuales eran conocidas como Holm Patrick. Continuando su rumbo hacia el norte descansó en la boca del río Boyne, donde una cantidad de nativos se había reunido a su alrededor escuchando en su propia lengua las buenas nuevas de la Redención. Allí también realizaría su primera gran conversión en tierra Irlandesa: Dejando a uno de sus compañeros para continuar con la labor de instrucción iniciada, se apresuró hacia Stangford Loughland donde bajando de su bote continuó su jornada por tierra hacia Slemish. No había avanzado buen trecho cuando un cacique, llamado Dicu, apareció en la escena para evitar la continuación de su avance blandiendo su espada para derribar al santo, pero avasallado por los milagros y mansedumbre del santo, pidió ser instruido y preparó una generosa donación en forma de un gran sabhall (granero), que se convertiría en el primer santuario dedicado por San Patricio en Erin (Irlanda). En años posteriores sería uno de los selectos sitios de retiro del santo. Fueron erigidos allí un monasterio e iglesia, y el consagrado sitio retiene el nombre Sabhall (o Saúl) hasta la fecha.
Cuenta la tradición que san Patricio se enteró por Dicu que los caciques de Erin habían sido convocados para celebrar una celebración especial en Tara por Leoghaire, quien era el Supremo Monarca de Irlanda. Esta era una oportunidad que no podía dejar de lado; él se presentaría ante la asamblea, para inflingir un decisivo golpe contra el Duridismo que mantenia cautiva a la nación, y para obtener la liberación por medio de las buenas nuevas de la Redención. Mientras se trasladaba descansó por algunos días en casa de un cacique llamado Secsen, quien con todos sus súbditos abrazaron la fe. El joven Benen, o Benigno, hijo del cacique, estaba especialmente cautivado por las doctrinas del Evangelio y la mansedumbre de Patricio. Mientras el santo descansaba, él recogía flores olorosas y las derramaba sobre su pecho, y cuando Patricio se preparaba para continuar su camino hacia Tara, Benigno se aferró a sus pies declarando que nada lo separaría de él. Desde entonces Benigno fue el inseparable compañero del santo, y la profecía se cumplió, ya que Benigno fue nominado entre los "comhards" o sucesores de San Patricio en Armagh.
El 26 de Marzo, Domingo de Pascua, en 433, según la tradición, Patricio venció con la oración a los druidas reunidos en Tara. Así fue el último golpe inflingido al paganismo en la presencia de toda la asamblea de caciques. Fue, de hecho, un trascendental día para la raza irlandesa. Dos veces Patricio abogó por la fe frente al rey Leoghaire. El monarca había dado órdenes que no se rindieran signos de respeto a los extranjeros, pero durante la primera reunión el joven Erc, un paje real, se incorporó para mostrarle reverencia; y en la segunda, cuando todos los caciques estaban reunidos, el bardo en jefe Dubhtach mostró los mismos honores al santo. Estos heroicos hombres se volvieron discípulos de la fe. Se dice que durante esta segunda solemne ocasión San Patricio arrancó un trébol del pasto, para explicar usando su hoja triple y único pecíolo, en forma algo simple a los ahí reunidos, la doctrina de la Trinidad. El Ard-Righ otorgó permiso a Patricio de predicar la fe a lo largo y ancho de Erin.
San Patricio procedió solemnemente a administrar el bautismo a Conall, hermano del rey Leoghaire, el Miércoles 5 de Abril. Benigno y otros ya habían sido reunidos bajo el manto de Cristo privadamente, pero este sería la primer administración pública del Bautismo, reconocido por real edicto, y desde entonces en los antiguos calendarios irlandeses al día 5 de Abril se le conoce como " Comienzo del Bautismo de Erin". Este primer cacique real cristiano le hizo un regalo a Patricio dotándolo de un sitio para una iglesia que hasta el presente retiene el nombre de Donagh-Patrick. Las bendiciones del cielo llegaron a la familia de Conall. San Columba es reconocido entre sus descendientes, y muchos de los reyes de Irlanda hasta el siglo once provenían de su linaje. San Patricio dejó que algunos de sus compañeros continuaran la labor de evangelización en Meath, tan auspiciosamente iniciada. Él visitaría otros territorios.
En el 440 San Patricio se embarcó en la tarea especial de la conversión de Ulster. En el siguiente año, los antiguos anales relatan una maravillosa expansión de la fe a través de la provincia. En 444 un sitio para una iglesia en Armagh fue donado por Daire, el cacique del distrito, estaba en un valle al pie de una colina, pero el santo no estaba satisfecho, él tenía especiales designios en su corazón para ese distrito, y generosamente el cacique le dio a escoger en su territorio cualesquier sitio que él considerara adecuado para sus propósitos religiosos. San Patricio escogió la colina en la cual la vieja catedral de Armagh se levanta. De Ulster San Patricio probablemente procedió hacia Meta para consolidar la organización de la comunidades en ese sitio, y de ahí continuó su camino a través de Leinster. Dos de los más distinguidos compañeros del santo, San Auxilio y San Isernino, tuvieron el rico valle de Liffey asignado a ellos. El nombre del primero todavía se conserva en la iglesia que fundó en Kilossy, mientras que el segundo es honrado como el primer Obispo de Kilcullen.
Como era su costumbre, el primer objetivo de San Patricio era reunir a los caciques dirigentes bajo el manto de la fe. En Naas, la sede real en aquellos días, bautizó a dos hijos del Rey de Leinster. Memoriales del santo aún abundan en el distrito: las ruinas de la antigua iglesia que fundó, su pozo santificado, y los sitios consagrados en los cuales el poder de Dios se mostró en forma de milagros. En Sletty, en las inmediaciones de Carlow, San Fiacc, hijo del cacique Brehon, Dubthach, fue instalado como obispo, y por un considerable período de tiempo esa sede continuó como el centro principal de la religión para todo Leinster. San Patricio procedió a través de Gowran hacia Ossory; y la enriqueció con abundancia de preciosas reliquias que había traído desde Roma. Acto seguido procedió a Munster. Como de costumbre, sus esfuerzos fueron dirigidos a combatir los errores en los centros principales de autoridad, pues sabía que en el sendero de la conversión, los reyes y caciques pronto serían seguidos por sus súbditos.
San Patricio continúo hasta su muerte el visitar y vigilar las iglesias que había fundado en todas las provincias de Irlanda. Confortó a los fieles en sus dificultades, los fortaleció en la fe y en la práctica de la virtud, y designó pastores para continuar su labor entre ellos. Se registra en su Vida que consagró a no menos de 350 obispos. Asignó a San Loman en Trim, que rivalizó al mismo Armagh en abundantes cosechas de devoción. San Guasch, hijo del su antiguo amo, Milcu, se convirtió en Obispo de Granard, mientras que las dos hijas del mismo cacique pagano fundaron ahí cerca, en Clonbroney, un convento de vírgenes, recibiendo la aureola de santidad. San Mel, sobrino de nuestro apóstol, tuvo el cargo de Ardagh; San MacCarthem, que al parecer fue particularmente querido por San Patricio, fue nombrado Obispo de Clogher. Hay muchas y buenas razones para creer que Patricio convocó a un sínodo, seguramente en Armagh, pero no sabemos con certeza el sitio. Muchos de los decretos emitidos en aquella asamblea, han llegado hasta nosotros tal como fueron redactados, aunque no cabe dudas que a varios de ellos se le hicieron añadiduras y enmiendas. En esa época San Patricio era ya un anciano con la salud quebrantada por el desgaste físico de sus austeridades y de sus treinta años de viajes de evangelización. Probablemente el sínodo haya tenido lugar cuando los días del santo ya estaban contados
A veces se ha pensado que el apostolado de San Patricio en Irlanda consistió en una sucesión de pacíficos triunfos, y sin embargo fue todo lo contrario. No tuvo que sufrir una persecución abierta, pero el santo por sí mismo estuvo sometido a frecuentes pruebas a las manos de los druidas y otros enemigos de la fe. Él nos narra en su “Confessio” que en no menos de doce ocasiones él y sus acompañantes fueron capturados y tomados de rehenes, y en una particular ocasión, cargado de cadenas, fue condenado a muerte. Pero de todas estas pruebas y sufrimientos fue liberado por la divina Providencia. San Patricio, en el transcurso de 30 años de apostolado, convirtió al cristianismo prácticamente a "toda Irlanda". El propio santo alude, más de una vez, a las "multitudes", a los "muchos miles" que bautizó y confirmó. "Ahí", dice Patricio, "donde jamás se había tenido conocimiento de Dios; allá, en Irlanda, donde se adoraba a los ídolos y se cometían toda suerte de abominaciones, ¿cómo ha sido posible formar un pueblo del Señor, donde las gentes puedan llamarse hijos de Dios? Ahí se ha visto que hijos e hijas de los reyezuelos escoceses, se transformen en monjes y en vírgenes de Cristo". Sin embargo, como es lógico pensar, el paganismo y el vicio no habían desaparecido por completo, y de hecho en la "Confessio", que fue escrita hacia el fin de su vida, dice el santo: "A diario estoy a la espera de una muerte violenta, de ser robado, de que me secuestren para servir como esclavo, o de cualquier otra calamidad semejante". Pero más adelante agrega: "Me he puesto en manos del Dios de misericordia, del Todopoderoso Señor que gobierna toda cosa y, como dijo el profeta: 'Deja tus cuidados con el Señor y El proveerá la manera de aliviarlos". En esta confianza estaba, sin duda su incansable valor y la firme decisión de San Patricio a lo largo de su heroica carrera.
San Patricio, una vez completado su trabajo apostólico, se preparó para recibir su recompensa, que recibió el 17 de Marzo de 493, después que san Tassach le hubiera administrado los últimos sacramentos. Sus restos fueron envueltos en el sudario tejido por las mismas manos de Santa Brígida y los obispos y clérigos y la gente de fe de todas partes se aglomeraron alrededor de sus restos para rendirle honores al Padre de su fe. Algunas de las antiguas crónicas registran que por varios días la luz del cielo brillaba alrededor de su lecho de descanso. Sus restos fueron sepultados en el fuerte del cacique a dos millas de Saul, donde más tarde se levantó la catedral de Down.
¿Cuál fue el secreto de tan grandiosos apóstol? A través de sus propia confesión, a la que hemos aludido ya, conocemos la extraordinaria impresión que causaba a los que lo conocían personalmente: Patricio era un hombre muy sencillo, con un gran espíritu de humildad que desarmaba a sus enemigos, decía que su trabajo misionero era la simple actuación de un mandamiento divino y que su aversión contra los pelagianos se debía al absoluto valor teológico que él atribuía a la gracia. Era profundamente afectuoso, por lo que vemos en sus escritos referirse tantas veces al inmenso dolor que le produjo separarse de su familia de sangre y de su casa, a la que le unía un gran cariño. Era muy sensible, le hacía sufrir mucho que digan que trabajaba en la misión que había emprendido para buscar provecho propio, por eso insistía tanto en el desinterés que lo animaban a seguir trabajando.

