LOS PRIMEROS CENOBITAS
Al mismo tiempo que nacían y florecían estas manifestaciones espectaculares de vida anacorética, asistimos al nacimiento de un segundo fenómeno monástico, tan importante como el primero: el cenobitismo. ¿Cuándo aparece el cenobitismo en Siria? ¿Quién fue el primer monje cenobita? Son preguntas sin respuesta. Lo único que podemos asegurar es que hacia los últimos años del reinado de Constantino el Grande (306-337) y en los decenios que le siguieron, encontramos ya varias colonias cenobíticas, sólidamente implantadas en diferentes puntos del suelo sirio.
En la región de Antioquía, diversos establecimientos monásticos nacen en la primera mitad del siglo IV. El primer monasterio que conocemos de la región es el de Gindaros, hoy Jenderes. Este fue erigido, entre los años 335 a 340, por Asterio, discípulo de Julián Saba que había fundado años antes, entre el 317 y el 325, una comunidad monástica en la región de Edesa. El convento de Gindaros atrajo muchos candidatos a la vida monástica, entre éstos a Acacio que, en el 379, fue elegido obispo de Alepo.
Otro centro de cenobitismo importante en la región de Antioquía fue el monte Corifeo, llamado hoy Jebel Cheikh Barakat. La Historia religiosa de Teodoreto, escrita hacia el año 444, nos señala, alrededor de este monte, varias colonias de monjes bien constituidas. Su fundador parece haber sido Amiano, asceta que, bajo el reinado del emperador Constancio (337-361), plantó un «retiro de filosofía», como Teodoreto llama a los monasterios, en Deir Telade, a un kilómetro al noreste del actual poblado de Telade o Teleda. Años más tarde, Amiano ruega a un célebre anacoreta de la región, Eusebio de Teleda, de encargarse de la dirección del monasterio por él fundado. La reputación de Eusebio atrajo numerosas vocaciones, entre éstas se cuentan varios discípulos de Julián Saba.Deir Teleda nace, por consiguiente, a mediados del siglo IV y un siglo después era ya uno de los principales monasterios de la región de Antioquia, acaso el más importante. Cuando Teodoreto escribía su Historia religiosa, Deir Telade contaba con 150 monjes. Alrededor de esta casa-madre surgieron diversas filiales, unas de lengua griega, otras de cultura siríaca. Una de estas filiales fue el monasterio de Eusebonas y de Abibion, discípulos de Eusebio, fundado hacia el año 370. Este monasterio ha sido identificado con las actuales ruinas de Borj Seba, a un kilómetro y 500 metros al noroeste de Telade. En tiempo de Teodoreto, el monasterio contaba con 80.
A 25 estadios, unos 4 kilómetros y 400 metros, del poblado de Telade, existía otro centro monástico que tenía, en tiempo de Teodoreto, como superior a Marianos. Probablemente se trata del actual Deir Tormanín, monasterio cuyas importantes ruinas se conservan hasta la fecha. No lejos de Telade existía, hacia el año 400, el convento del abad Morosas, que el historiador Sozomeno ubica en Necheile y que G. Tchienko identifica con el sitio de Nagaule, al noreste del monte Corifeo .
En la misma región existían, a finales del siglo IV, otros dos establecimientos cenobíticos: el de Maris en Telanisos y el convento de Basos. Este tenía 200 monjes hacia el año 444. Creemos poder identificar el convento de Basos con las actuales ruinas de Deir Batabo. Junto a la villa de Imma, hoy Yeni Sehir, Paladio vivía como recluso en el siglo IV, pero parece que había fundado una comunidad de monjes a su alrededor, ya que Teodoreto dice: «Abrahames vivía con él».
En las montañas del Amanus, al norte de Antioquia, Simeón el Antiguo fundaba dos monasterios en el siglo IV. En la Montaña Negra, cerca de la villa de Rosus, hoy Arzus, Teodoro fundó, reinando el emperador Valente, un monasterio junto al mar. Juan Moskos que visitó el lugar tres siglos después, lo sitúa en el punto llamado entonces Skopelos, que P. Canivet ha identificado con el actual caserío de Kale, a 4 kilómetros al sureste de Ras el-Khanzir. Teodosio fundó otro monasterio, hacia el año 368, en Marato, en los alrededores de Antioquia, que no ha sido identificado hasta la fecha. Acaso corresponda al actual Harrán. Según Juan Crisóstomo había muchos monjes, en el siglo IV, sobre el monte Silpius, hoy Nacar Dag, que domina la ciudad de Antioquia.
En la provincia de Calcis, vasta región al sur de Alepo, el cenobitismo floreció muy pronto ya que en el año 375 exclamaba san Jerónimo: «Oh desierto lleno de flores de Cristo!». Seguramente fue Marciano de Ciro, recluso que vivía en una cabaña en el fondo del desierto de Caleis, el fundador del movimiento monástico en esta región. Sus discípulos fundaron diversas comunidades religiosas. Según Teodoreto, muchos monjes vivían en la Calcídine en tiempo del emperador Valente. Entre éstos nombra a Abrahames, a Avit y «a otros muchos».
En la región de Apamea, Agapito, discípulo de Marciano de Ciro, funda, hacia el año 381, dos monasterios en Nikertai. En uno de ellos vivió Teodoreto como monje. «En estos conventos, escribe el obispo de Ciro, viven hoy día más de 400 hombres, atletas de la virtud». «De estas implantaciones, añade Teodoreto, han salido millares de retiros ascéticos, regidos por las mismas reglas». Una de estas filiales fue el monasterio de Seleucos Belus, hoy Sqalbie, a 15 Km. al sur de Apamea, fundado por Basilio.
En la región de Ciro, fue san Marón quien inauguró el movimiento monástico, ya que Teodoreto nos dice que fue él «quien plantó el jardín que hoy florece en la región de Ciro». En esta región, Teodoreto nos menciona tres monasterios: uno en la ciudad de Ciro, junto a «la tumba del Profeta», otro en Tillima, fundado por Talasios y el tercero en Asijas.
En la región de Zeugma, a orillas del Eufrates, encontramos a Publius que funda dos monasterios, uno de cultura griega, otro para los monjes de lengua siríaca.
Fadane, junto a Harrán, parece haber sido la más antigua comunidad religiosa de la Mesopotamia siria. A finales del siglo IV, esta región estaba poblada de monjes, ya que la viajera española Egeria encontró, en Edesa, una legión de ellos y lo mismo en los alrededores de Harrán. Precisamente, el objeto de Egeria en la visita a la Mesopotamia siria fue la de «ver a los santos monjes que se decía eran allí muchísimos y de vida tan santa que apenas puede narrarse».
El primitivo monacato estaba formado no solamente de hombres. En el siglo IV había en Siria muchas mujeres consagradas a Dios. «Hay muchas otras, escribe Teodoreto, que han abrazado la vida solitaria o viven en comunidad». Un convento de monjas, junto a Antioquía, es señalado en el siglo IV, en la vida del solitario Pedro.

