miércoles, 17 de junio de 2009

SANTOS POR LAS CALLES DE NUEVA YORK (IV)



EL CARDENAL TERENCE JOHN COOKE,
ARZOBISPO DE NUEVA YORK: EL PADRE DE LOS POBRES DE LA GRAN MANZANA


Nacido el 1 de marzo de 1921 en Manhattan, Nueva York, Terence Cooke fue el tercer y más joven hijo de una familia de inmigrantes irlandeses. En el siglo que se extiende a partir de 1820 llegaron a Estados Unidos 5 millones de inmigrantes irlandeses. Su presencia provocó una vigorosa reacción entre ciertos estadounidenses locales, conocidos como los "nativistas", que denunciaban a los irlandeses por su comportamiento social, su impacto en la economía y por su credo católico. Sin embargo, para principios del siglo XX los irlandeses ya se habían asimilado exitosamente.

Su padre era un chofer y su madre murió cuando Terence tenía solamente nueve años. Hijo de una familia devota, Terence manifestó un interés por el sacerdocio a una edad temprana, por lo que ingresó en primer lugar en la escuela de la Catedral, para de allí pasar al Seminario de San José. El futuro Cardenal fue ordenado por el Cardenal Francis Spellman el 1 de diciembre de 1945. El joven sacerdote desempeñó en primer lugar el cargo de capellán en Hogar de la Infancia de Saint Agatha, para después ir a la Universidad Católica de América para estudios de postgrado en trabajo social. De allí se trasladó a la Parroquia de San Atanasio, una vez acabados los estudios. Posteriormente dirigió la pastoral juvenil de la diócesis, fue ecónomo de St. Joseph's Seminary, y secretario del cardenal Spellman.

El famoso Cardenal Spellman (en la foto) era también de una modesta familia de origen irlandés. Realizó sus estudios en la Universidad de Fordham y después en el Colegio Norteamericano de Roma, donde fue ordenado sacerdote el 14 de mayo de 1916, el mismo año en que recibió el doctorado en teología. Luego de ejercer su apostolado en la parroquia de Todos los Santos de Roxbury (Massachusetts), pasó a Boston; allí fue director de la revista Pilot y archivero de la arquidiócesis en 1923.

En 1925 fue llamado a la Secretaría de Estado del Vaticano, donde se ocupó, entre otras cosas, de la traducción de las encíclicas que se difundían a través de la Radio. Allí permaneció durante algunos años, en el transcurso de los cuales se ganó la confianza del papa Pío XI y la amistad del cardenal Pacelli, futuro Pío XII. El 8 de septiembre de 1932 fue consagrado obispo en la Basílica de San Pedro, y regresó luego a Estados Unidos para ejercer como obispo auxiliar de Boston. El 15 de abril de 1939 fue nombrado arzobispo de Nueva York por el recién elegido papa Pío XII. Antes, en 1936, cuando el cardenal Pacelli visitó los Estados Unidos en calidad de Secretario de Estado del Vaticano, fue Monseñor Spellman quien lo acompañó por todo el territorio. Pío XII lo nombró cardenal el 18 de febrero de 1946.

Bajo su dirección, la arquidiócesis de Nueva York vivió años de extraordinaria expansión y crecimiento. En el primer año subsanó la deuda de 28 millones de dólares que la diócesis acumuló en la Gran Depresión; en 1939 fundó la Comisión de Construcción para supervisar todas las construcciones de la diócesis; igualmente, dos años más tarde instauró los Servicios Institucionales de Mercancías para iglesias e instituciones, como una gran central para las compras de la arquidiócesis, lo cual le proporcionó un ahorro de 1,5 millones de dólares al año. Durante su gobierno también conoció una gran expansión la institución de Caritas; llegó a construir o reformar más de 370 centros escolares de primaria y secundaria, con lo que se hizo merecedor del sobrenombre de "cardenal de la educación". Conocedor del enorme influjo de la televisión, fundó el Centro de Instrucción para Televisión y lo dotó de buenos equipos. Financió la edición de Catholic Encyclopedia for School and Home (1964) y la New Catholic Encyclopedia (1967).

Spellman supo apreciar el valor de su secretario, Terence John Cooke, al que pronto noombró Canciller de la Archidiócesis y, por último, Vicario General. Fue consagrado obispo en 1965. Apenas tres años más tarde murió el cardenal Spellman, y el mundo esperaba que fuera sucedido por uno de los altos prelados de la Iglesia, pero el Papa Pablo VI, tenía otras ideas y prefirió un devoto y relativamente desconocido Vicario General. Y a la edad de cuarenta y siete Terence Cooke fue nombrado Arzobispo de Nueva York y Vicario Castrense de los Estados Unidos.

Sus catorce años como Arzobispo fueron un momento de profunda transformación de la diócesis y de la Iglesia en general. La década de los 60, fue sin duda período de turbulencias y los cambios rápidos, y la Iglesia se esfuerzó por adaptarse a lo que se convirtió en una profunda transformación de la cultura, al mismo tiempo que se esforzaba en la aplicación de las reformas del Concilio Vaticano II. Como fiel y amoroso pastor, el Cardenal Cooke nunca dejó de escuchar a los demás e intentar satisfacer sus necesidades.

Dándose cuanta de los desafíos que traía la nueva cultura que luchaba fuerte por imponerse, y que en muchos aspectos se acabó imponiendo, el Cardenal Cooke trabajó en diversos frentes. En primer lugar, para dar a las mujeres una alternativa al aborto; también para ayudar a los hombres y mujeres de orientación homosexual a vivir una vida satisfactoria en conformidad con las enseñanzas de la Iglesia. Luchó también por apoyar a las escuelas católicas del centro de las ciudades, que en Estados Unidos sufrían un proceso de abandono por favorecer los suburbios, lo que dejaba a las escuelas parroquiales en situación de gran pobreza. Creó además un Programa de Desarrollo de Vivienda de la Archidiócesis, para proporcionar viviendas asequibles a los desfavorecidos de Nueva York; se preocupó por la prensa católica, se esforzó por coordinar y mejorar la asistencia en los hospitales católicos, con un especial interés en la atención de los pacientes de cáncer en fase terminal; trabajó por integrar a los jóvenes inmigrantes puertorriqueños, que en estos años llegaban a Nueva York en grandes cantidades; organizó la pastoral católica de las prisione, etc. Terence Cooke tuvo un especial amor por los ancianos y los jóvenes. Durante su tiempo como Arzobispo construyó nueve asilos para ancianos pobres. Fue gran promotor de diversos movimientos eclesiales, como el de Cursillos de cristiandad, el Movimiento Familiar Cristiano, la renovación Carismática, etc. Podemos afirmar que ningún grupo cultural ni étnico fue abandonado por sus desvelos pastorales.

Le fue diagnosticado un cáncer en 1965, que se convirtió en terminal de 1975, después de haber soportado la cirugía y años de quimioterapia. A pesar de ello mantuvo a su agitado horario y dio de sí mismo todo lo que pudo a los que lo necesitaban. Su lema episcopal,” Fiat voluntas Tua” (Hágase tu voluntad), lo dice todo. Estas palabras, que proclaman una gozosa entrega a la voluntad de Dios, nunca fueron un mero lema para Terence Cooke, sino la base de su profunda espiritualidad y la fuente de su fuerza. Aunque su estado de salud siguió empeorando, él continuó viviendo la vida con alegría, en su totalidad, y para los demás, confiando totalmente en el amor de Dios.

El 6 de octubre de 1983, de Terence Cardenal Cooke murió santamente en su residencia del cardenal. La Catedral de San Patricio se desbordó con la gente cuando en ella se puso su capilla ardiente. Las filas de los neoyorkinos que querían rendir su último tributo al santo cardenal daban la vuelta a la Catedral: los pobres con los ricos, los viejos con los jóvenes, gente famosa y muchos desconocidos, de todos los credos e incluso gente sin fe. La primera página de El Diario, del periódico en idioma español de Nueva York, dijo en nombre de todos: "Adiós Amigo".